Un descubrimiento sin precedentes podría marcar un antes y un después en la lucha contra el Parkinson, la enfermedad neurodegenerativa de más rápido crecimiento en el mundo. Un equipo de investigadores del Instituto Walter y Eliza Hall, en Australia, ha logrado desentrañar el misterio de la proteína PINK1, vinculada directamente con la aparición temprana del Parkinson, abriendo así nuevas posibilidades terapéuticas.
El estudio, publicado en la prestigiosa revista Science, revela por primera vez la estructura de PINK1 y su mecanismo de acción en las mitocondrias, las centrales energéticas de las células. Hasta ahora, se sabía que una mutación en esta proteína impedía la eliminación de toxinas en el cerebro, provocando la muerte celular y acelerando el desarrollo de la enfermedad. Sin embargo, nunca se había observado cómo PINK1 se activa ni cómo interactúa con las mitocondrias dañadas.
«Es increíble ver por fin PINK1 y comprender cómo se une a las mitocondrias», afirmó el profesor David Komander, líder del estudio. «Nuestra estructura revela muchas formas de modificarla, lo que podría cambiar la vida de las personas con Parkinson».
La doctora Sylvie Callegari, coautora principal, explicó que PINK1 actúa en cuatro fases, dos de las cuales eran desconocidas hasta ahora. Primero, detecta el daño mitocondrial; luego, se adhiere a la membrana celular; después, activa una proteína llamada Parkin para reciclar las mitocondrias defectuosas. Este proceso, conocido como mitofagia, es crucial para la salud neuronal, y su disfunción es un factor clave en el desarrollo del Parkinson.
Con más de 11 millones de personas afectadas en el mundo y sin una cura disponible, este hallazgo representa una esperanza tangible. Los científicos confían en que la comprensión detallada de PINK1 permita desarrollar medicamentos capaces de ralentizar o incluso detener la progresión de la enfermedad, brindando así una mejor calidad de vida a millones de pacientes.
Este avance no solo abre la puerta a nuevas terapias, sino que también representa un hito en la lucha contra una de las enfermedades más devastadoras del siglo XXI. La comunidad científica sigue avanzando, y con descubrimientos como este, la posibilidad de un futuro sin Parkinson está cada vez más cerca.