Hermosillo, capital de Sonora, se encuentra entre las 10 ciudades más calientes del mundo, una condición que comienza a tener consecuencias directas en la salud de su población, advirtió Carmen Isela Ortega Rosas, investigadora de la Universidad Estatal de Sonora.
Durante su participación en el ciclo Panorama Actual de las Ciencias Atmosféricas y del Cambio Climático 2026. Mujeres en la Ciencia, organizado por el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, la especialista explicó que en la periferia de Hermosillo las temperaturas superan los 40 grados Celsius, favoreciendo la formación de islas de calor.
Estas zonas urbanas, donde la temperatura es considerablemente mayor que en sus alrededores, se combinan con condiciones de mala calidad del aire y una elevada concentración de polvo, lo que incrementa los riesgos para la salud respiratoria de la población.
Ortega Rosas señaló que durante la temporada de calor el polvo permanece suspendido sobre la ciudad debido a las condiciones atmosféricas, lo que favorece la aparición o agravamiento de enfermedades como asma y alergias. Citó además a la Organización Mundial de la Salud, que ha advertido que la contaminación del aire constituye una amenaza silenciosa para la población.
La investigadora destacó que las islas de calor se han intensificado al grado de registrar periodos de tres o más días consecutivos con temperaturas superiores a los 44 grados Celsius, mientras que los patrones de lluvia son cada vez más escasos.
Esta combinación también modifica los ciclos naturales de las plantas. El cambio climático ha provocado que especies nativas de Sonora adelanten su floración, lo que prolonga la presencia de polen y esporas de hongos en el ambiente, partículas que pueden desencadenar desde rinitis hasta crisis severas de asma.
Mientras anteriormente la floración de plantas nativas ocurría principalmente entre marzo y abril, actualmente puede comenzar desde finales de enero, aumentando el periodo de exposición de la población a estos bioaerosoles.
“Con el cambio climático las estaciones polínicas se van a intensificar y se va a ampliar el periodo de floración”, señaló la especialista.
Ortega Rosas agregó que Sonora ocupa el primer lugar nacional en muertes asociadas al calor, fenómeno que también afecta de manera importante a entidades como Baja California, particularmente Mexicali, además de Sinaloa, Nuevo León y Veracruz.
Desde hace una década, la investigadora encabeza la primera estación foránea de la Red Mexicana de Aerobiología, iniciativa del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM que monitorea las concentraciones de polen y esporas en el aire. Esta información permite identificar periodos de mayor riesgo para las personas con alergias y enfermedades respiratorias.
Ante este escenario, Ortega Rosas y su equipo promueven soluciones basadas en la naturaleza, principalmente mediante la reforestación con especies nativas y no alergénicas, mejor adaptadas a las condiciones climáticas de la región.
Entre las especies recomendadas se encuentran el palo fierro, guamúchil, palo verde azul, palo brea y mezquite terciopelo.
Actualmente, apenas 29 por ciento de la vegetación en Sonora es nativa y no alergénica, mientras que más de 70 por ciento de los árboles presentes en espacios públicos corresponden a especies introducidas.
La especialista consideró que avanzar hacia una mayor presencia de vegetación nativa permitiría enfrentar simultáneamente varios de los efectos del cambio climático, al proporcionar sombra, favorecer la captura de dióxido de carbono y reducir los riesgos asociados con especies de mayor potencial alergénico.
La apuesta, concluyó, es transformar la vegetación urbana para que contribuya no solo a mitigar el impacto ambiental, sino también a proteger la salud de la población sonorense frente al incremento de las temperaturas y los cambios en los ciclos naturales.