28 de August de 2026

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Malinche: de intérprete de la Conquista a símbolo de traición y heroína reivindicada

La historia de Malinche ha cambiado de significado a lo largo de cinco siglos. De intérprete y mediadora durante la Conquista pasó a convertirse en símbolo de traición y origen del llamado malinchismo, mientras que en las últimas décadas su figura ha sido revisada por historiadores, escritoras y movimientos feministas. En 2026, esa transformación alcanzó también el espacio público con su incorporación al Paseo de las Heroínas.

De acuerdo con UNAM Global, comprender quién fue Malinche requiere separar los escasos datos comprobables sobre su vida de las representaciones construidas posteriormente alrededor de ella. La ausencia de testimonios escritos por la propia protagonista ha permitido que distintas épocas proyecten sobre su figura sus propias ideas sobre la Conquista, la identidad nacional y el papel de las mujeres.

Guadalupe Gómez Aguado, profesora del Centro de Enseñanza para Extranjeros de la UNAM y doctora en Historia, explicó que uno de los aspectos menos claros es su nombre de nacimiento. Marina habría sido el nombre que recibió al ser bautizada por los españoles; posteriormente, los hablantes de náhuatl lo pronunciaron como Malina y añadieron el sufijo honorífico “-tzin”, del que derivaron Malintzin y, más tarde, Malinche.

Entre los elementos más sólidos sobre su vida se encuentra su dominio de varias lenguas. Hablaba popoloca, náhuatl, maya chontal y maya yucateco, además de que posteriormente aprendió español. También conocía las formas de comunicación empleadas ante gobernantes y las reglas políticas vinculadas con el lenguaje señorial del náhuatl.

Estos conocimientos la convirtieron en una pieza fundamental para las negociaciones entre Hernán Cortés y diversos pueblos indígenas. Sin embargo, la especialista advirtió que no existen elementos suficientes para afirmar que perteneciera a la nobleza indígena, como sostiene el relato de Bernal Díaz del Castillo sobre su supuesto origen como princesa.

Una mujer esclavizada en medio de alianzas políticas

Otro elemento fundamental para comprender su actuación es que Malinche fue una mujer indígena esclavizada y, según las crónicas, entregada a los españoles. Bajo esas circunstancias, sus acciones difícilmente pueden interpretarse únicamente como una decisión libre de “traicionar” a su pueblo.

Además, su participación formó parte de un proceso político más amplio. Pueblos como los tlaxcaltecas y los totonacas establecieron alianzas con los españoles porque consideraban que podían utilizarlos para enfrentar al poder mexica. Malinche, por tanto, no actuó de manera aislada, sino dentro de una compleja red de conflictos, intereses y alianzas indígenas y españolas.

Después de la Conquista tuvo dos hijos. Martín fue hijo de Hernán Cortés, mientras que María fue hija de Juan de Jaramillo, con quien contrajo matrimonio en 1524 durante la expedición a las Hibueras.

Gómez Aguado señaló que Cortés pudo haber impulsado ese matrimonio para garantizar que Malinche quedara protegida dentro de la sociedad novohispana. También habría recibido encomiendas en Oluta, Veracruz, y Tetequipaque, Oaxaca.

La fecha exacta de su muerte tampoco está plenamente establecida. La historiadora considera probable que ocurriera alrededor de 1529, posiblemente a causa de alguna de las epidemias que afectaron a la Nueva España.

Los primeros relatos no la presentan como traidora

Las representaciones indígenas elaboradas poco después de la Conquista ofrecen una imagen distinta a la que posteriormente se consolidó. En el Lienzo de Tlaxcala, el Códice Azcatitlan, el Códice Florentino y el Códice Durán, Malinche aparece junto a Cortés en escenas de contenido político, participando en negociaciones, alianzas y encuentros con gobernantes.

En algunas representaciones ocupa una posición central o aparece con un tamaño destacado, lo que sugiere la importancia que tuvo como intermediaria. Para Gómez Aguado, estas imágenes muestran que la concepción de Malinche como traidora no fue inmediata ni universal.

Durante los siglos XVII y XVIII su presencia disminuyó en las fuentes. Posteriormente, Francisco Javier Clavijero la recuperó en su Historia antigua de México y la presentó como la primera cristiana del Imperio Mexicano, además de destacar sus servicios durante la conquista y la evangelización.

La interpretación comenzó a cambiar de manera profunda después de la Independencia. La nueva nación mexicana construyó parte de su identidad alrededor de la recuperación de una libertad que se consideraba arrebatada por España. Dentro de ese relato, los españoles fueron convertidos en enemigos y Malinche comenzó a ser representada como la mujer que ayudó al extranjero a conquistar su propia tierra.

La novela Jicoténcal, publicada en 1826, fue uno de los primeros ejemplos de esa interpretación. En ella, Malinche fue retratada como amante de Cortés y como una mujer que habría facilitado la Conquista. Con el tiempo, esa representación contribuyó a consolidar la idea de que había entregado a su pueblo por amor a un conquistador.

La interpretación negativa también fue reforzada durante el periodo liberal. En 1861, Ignacio Ramírez la comparó simbólicamente con Eva, mientras Josefa Ortiz de Domínguez era asociada con María. La contraposición vinculó a Malinche con la seducción, el pecado y la traición, frente a otras mujeres consideradas modelos de virtud patriótica.

Del personaje histórico al “malinchismo”

Durante el siglo XX, Malinche dejó de representar exclusivamente a una mujer de la época de la Conquista y comenzó a utilizarse para describir una actitud frente a lo extranjero. Así surgió el concepto de “malinchismo”, asociado con la preferencia por productos, ideas, costumbres o modelos extranjeros sobre los nacionales.

Sin embargo, esa asociación fue construida siglos después de la Conquista y parte de una interpretación que supone que Malinche tomó conscientemente una decisión entre españoles e indígenas. Esa lectura deja fuera que era una mujer esclavizada y que vivió en un contexto histórico en el que México como nación todavía no existía.

En 1942, Rubén Salazar Mayén habló del llamado “complejo de la Malinche” para describir una actitud de subordinación frente a lo extranjero. Posteriormente, Octavio Paz convirtió a la figura en una referencia central de “Los hijos de la Malinche”, ensayo incluido en El laberinto de la soledad, donde la relacionó con la Conquista, el mestizaje, la violencia y la identidad mexicana.

A partir de la década de 1990, la discusión comenzó a cambiar. La pregunta dejó de centrarse exclusivamente en si Malinche fue heroína o traidora y comenzó a enfocarse en cómo cada época construyó esas imágenes.

En 1992, el coloquio “La Malinche, sus padres y sus hijos”, coordinado por Margo Glantz, impulsó nuevas investigaciones históricas, literarias, filosóficas, sociológicas y lingüísticas. El encuentro derivó en un libro publicado en 2001.

Entre los estudios posteriores destaca el trabajo de Camilla Townsend, orientado a reconstruir documentalmente la vida y el entorno familiar de Malinche. Paralelamente, escritoras chicanas y movimientos feministas comenzaron a reivindicarla como una mujer que sobrevivió en un contexto de violencia y que utilizó sus conocimientos lingüísticos y culturales para desenvolverse dentro de un complejo proceso político.

La revisión de su figura también llegó al arte y al espacio público, mediante esculturas, exposiciones y obras literarias que la colocan como protagonista de la Conquista y del mestizaje, y no simplemente como acompañante de Cortés.

La incorporación de Malinche al Paseo de las Heroínas en 2026 representa otro capítulo en esa transformación. Su figura continúa siendo objeto de debate, pero el análisis histórico contemporáneo busca alejarse de las etiquetas de “traidora” o “heroína” para comprender las circunstancias en las que vivió y el papel político y cultural que desempeñó.

Como resume Gómez Aguado, el principal desafío para conocer a la Malinche histórica permanece: existen muchas más representaciones e interpretaciones sobre ella que testimonios directos de su propia vida.

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