La obesidad continúa siendo uno de los principales desafíos de salud pública en México, donde 37% de la población adulta vive con esta condición, por lo que especialistas hicieron un llamado a fortalecer las políticas de prevención y garantizar la aplicación efectiva de las estrategias ya implementadas para frenar su avance.
En el marco del Congreso Internacional de Obesidad, que por primera vez se celebra en México con la participación de especialistas de 90 países, el presidente de la Federación Mundial de Obesidad, Simón Barquera, señaló que el país ha transitado de responsabilizar únicamente a las personas por su exceso de peso a reconocer que se trata de un problema multifactorial que requiere una respuesta integral.
El también investigador del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) destacó que México ya cuenta con herramientas de política pública como el impuesto a las bebidas azucaradas, el etiquetado frontal de advertencia y el Protocolo Nacional de Atención Médica (Pronam), el cual establece la atención mínima que deben recibir los pacientes con obesidad en las unidades de salud.
Sin embargo, advirtió que aún hacen falta nuevas acciones y, sobre todo, que las medidas existentes se implementen de manera efectiva para lograr un impacto sostenido en la salud de la población.
Uno de los temas que marcarán el encuentro científico es el creciente interés por los tratamientos farmacológicos para perder peso. De acuerdo con una investigación encabezada por Orna Reges, de la Universidad Ariel de Israel, durante la última década las búsquedas en internet relacionadas con medicamentos para bajar de peso aumentaron 25 veces, impulsadas principalmente por la popularidad de los agonistas del receptor GLP-1, entre los que destaca el fármaco Ozempic.
En contraste, el interés por estrategias tradicionales como la alimentación saludable y la práctica de actividad física se ha mantenido prácticamente sin cambios durante el mismo periodo.
Barquera subrayó que estos medicamentos representan una herramienta útil únicamente en determinados pacientes y siempre bajo supervisión médica especializada. Explicó que su uso debe formar parte de un tratamiento integral que incluya educación nutricional, modificación de hábitos alimenticios, actividad física y acompañamiento clínico, por lo que descartó que constituyan una solución definitiva frente a la epidemia de obesidad.
El especialista también destacó algunos avances derivados de las políticas públicas implementadas en México. Entre ellos mencionó la reformulación de refrescos, que ha reducido en promedio siete gramos de azúcar por bebida, equivalentes a 32 calorías, así como una disminución en la compra de bebidas azucaradas atribuida a los impuestos especiales y a las campañas de información sobre sus riesgos para la salud.
Afirmó que, de mantenerse y fortalecerse estas estrategias, México podría alcanzar la meta planteada para 2030 de mantener la prevalencia de obesidad por debajo del 40%, lo que representaría que millones de personas evitarían desarrollar esta condición y sus complicaciones asociadas.
No obstante, advirtió que persisten factores que amenazan esos avances, entre ellos la intensa promoción de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas. En ese sentido, cuestionó la amplia presencia de este tipo de publicidad durante la reciente Copa del Mundo de Futbol, al considerar que la exposición masiva a estos productos dificulta los esfuerzos para fomentar estilos de vida saludables.
Los especialistas coincidieron en que enfrentar la obesidad requiere una estrategia coordinada entre autoridades, personal de salud, sector educativo y sociedad, basada en la prevención, el acceso a tratamientos adecuados y políticas públicas que favorezcan entornos más saludables para la población.