La gobernanza del fútbol mundial atraviesa uno de sus momentos más delicados de la última década. La UEFA y la CONCACAF anunciaron este sábado que perdieron la confianza en el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, luego de que impulsara un plan para vender una participación en los derechos comerciales de la Copa del Mundo a inversionistas privados, una propuesta valorada en 4 mil 200 millones de dólares.
Aunque la FIFA decidió retirar la iniciativa tras el rechazo generalizado de las confederaciones regionales, la controversia abrió una profunda fractura dentro del organismo y desató cuestionamientos sobre la transparencia y el proceso de toma de decisiones en la máxima autoridad del fútbol.
La propuesta contemplaba la creación de una nueva entidad encargada de administrar los eventos comerciales de la FIFA, incluido el Mundial, una medida que, según sus detractores, fue elaborada sin consultas previas y al margen de los mecanismos de gobernanza establecidos.
La UEFA, cuyos 55 miembros rechazaron de manera unánime el proyecto, calificó la retirada del plan como una «victoria para todo el fútbol», aunque advirtió que la recuperación de la confianza en la dirigencia de la FIFA apenas comienza.
En un comunicado, el organismo europeo sostuvo que el actual liderazgo «ha perdido la confianza no sólo de la UEFA, sino de muchos otros integrantes de la familia del fútbol», al tiempo que criticó la falta de transparencia y denunció que la propuesta fue diseñada «a puerta cerrada» y sin rendición de cuentas.
Por su parte, la CONCACAF acusó a la FIFA de presentar una iniciativa de enorme impacto sin respetar los procesos institucionales ni consultar a las federaciones afiliadas.
«La propuesta refleja un liderazgo que ha dejado de poner al fútbol en primer lugar», señaló la confederación, que además pidió una revisión integral de la conducción del organismo rector del balompié mundial.
Las críticas también fueron respaldadas por diversas federaciones nacionales. La Federación Neerlandesa de Fútbol calificó el episodio como una «ruptura fundamental de la confianza», mientras que el presidente de la Federación Alemana de Fútbol, Bernd Neuendorf, acusó a Infantino de actuar de manera unilateral y sin velar por los intereses del deporte.
En la misma línea, la presidenta de la Federación Noruega de Fútbol, Lise Klaveness, advirtió que la cooperación internacional entre las organizaciones futbolísticas fue puesta en riesgo por decisiones que privilegiaron intereses individuales.
La FIFA y Gianni Infantino evitaron hacer comentarios sobre las declaraciones de la UEFA, aunque previamente el dirigente aseguró que la propuesta fue retirada después de escuchar las opiniones de las distintas confederaciones.
No todas las reacciones fueron negativas. Qatar expresó su respaldo al presidente de la FIFA y consideró que la iniciativa tenía fundamentos sólidos, mientras que el presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, Fouzi Lekjaa, celebró el retiro del proyecto, pero reiteró su apoyo al dirigente suizo.
También el presidente de la Confederación Asiática de Fútbol, jeque Salman bin Ebrahim Al-Khalifa, valoró que la FIFA desistiera del plan, aunque enfatizó que cualquier iniciativa con impacto global debe discutirse con las confederaciones, federaciones y demás actores del fútbol mediante procesos transparentes y consensuados.
La controversia surge en un momento especialmente sensible para Infantino, quien en abril confirmó su intención de buscar un cuarto mandato al frente de la FIFA para el periodo 2027-2031.
Desde su llegada a la presidencia en 2016, tras la salida de Sepp Blatter, el dirigente había sido reelegido sin oposición y mantenía un amplio respaldo político. Sin embargo, especialistas consultados por Reuters consideran que el rechazo a esta propuesta evidenció un creciente descontento entre los miembros del organismo y podría complicar su reelección durante el Congreso de la FIFA previsto para marzo próximo en Marruecos.
Analistas del negocio deportivo coinciden en que el episodio representa el mayor desafío político para Infantino desde que asumió la presidencia de la FIFA, al poner en duda su liderazgo apenas unas semanas después de celebrar el que calificó como el Mundial con mayor éxito comercial en la historia del fútbol.