La afirmación de que el llamado «perro caramelo» constituye una nueva raza de perro mexicano fue descartada por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quienes aclararon que, hasta el momento, el país únicamente cuenta con tres razas caninas oficialmente reconocidas: el chihuahueño, el xoloitzcuintle y el calupoh o perro lobo mexicano.
El pronunciamiento surge luego de que, en abril pasado, la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México presentara al «perro caramelo» como una nueva raza nacional. Sin embargo, Elizardo Valadez Franco, académico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM, explicó que el reconocimiento de una raza requiere un riguroso proceso científico sustentado en estudios genéticos, antecedentes históricos y estándares internacionales.
El especialista señaló que la Federación Canófila Mexicana (FCM) es la instancia responsable de determinar si un perro puede ser reconocido como raza mediante investigaciones como el mapeo genético y el análisis de evidencia arqueológica. Posteriormente, corresponde a la Federación Cinológica Internacional (FCI) validar los estándares para su reconocimiento a nivel mundial.
Actualmente, las únicas razas mexicanas oficialmente registradas son el chihuahueño, el xoloitzcuintle y el calupoh, este último también conocido como perro lobo mexicano.
Valadez Franco recordó que, si bien existen registros arqueológicos que documentan la presencia de perros en Mesoamérica desde hace aproximadamente ocho mil años, particularmente en la región de Teotihuacán, ello no implica que todas las variedades originarias del territorio nacional puedan ser catalogadas como razas.
Respecto al denominado «perro caramelo», el académico explicó que el término se popularizó en Brasil para identificar a perros mestizos de pelaje color miel o café claro, pero que estos ejemplares no presentan una uniformidad genética ni características físicas consistentes.
Indicó que, al cruzar dos perros de este tipo, las crías pueden nacer con distintos tamaños, colores y rasgos, lo que impide establecer un estándar racial. Además, subrayó que no existen antecedentes históricos ni pruebas genéticas que respalden su reconocimiento oficial.
«Creo que es buena intención, pero no es el organismo indicado para avalar y decir: ‘ya hay una raza más en México’, porque no existe un bagaje histórico, no hay pruebas genéticas», puntualizó el especialista.
Finalmente, el académico destacó que cualquier iniciativa orientada a promover el bienestar animal es positiva, aunque advirtió que el reconocimiento de una nueva raza no resolverá problemas como la sobrepoblación y el abandono de perros. En ese sentido, hizo un llamado a fortalecer las políticas de adopción responsable y a impulsar estrategias integrales en las que participen autoridades, especialistas y organizaciones dedicadas a la protección animal.