El consumo frecuente de refrescos y bebidas azucaradas durante el embarazo podría tener consecuencias negativas en el desarrollo cognitivo de los bebés, afectando procesos como la inteligencia, la memoria y la atención, advirtió la Universidad Nacional Autónoma de México a través de una publicación de su Facultad de Medicina.
De acuerdo con especialistas universitarios, las bebidas azucaradas contienen altos niveles de azúcar que no solo representan riesgos metabólicos para las mujeres embarazadas, sino que también pueden alterar el desarrollo neuropsicológico de los hijos desde la etapa prenatal.
La investigación señala que diversos estudios científicos han encontrado una relación entre el alto consumo de sacarosa durante el embarazo y un deterioro en la cognición de la descendencia, incluyendo posibles afectaciones en la memoria, el aprendizaje y el coeficiente intelectual.
El análisis retoma evidencia basada en criterios del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, donde se identificó que el consumo excesivo de bebidas azucaradas también impacta la salud mental de las mujeres gestantes mediante mecanismos asociados con ansiedad, abstinencia y tolerancia al azúcar.
Los investigadores explicaron que la abstinencia de azúcar puede provocar una disminución en los niveles de dopamina, neurotransmisor relacionado con el bienestar y la motivación. Esta alteración puede derivar en síntomas como depresión, bajo rendimiento, déficit de atención y distracción.
La publicación sostiene que tanto estudios en humanos como investigaciones en modelos animales han encontrado vínculos entre el consumo elevado de bebidas azucaradas y alteraciones en procesos cognitivos y conductuales.
Además de los efectos prenatales, la UNAM alertó sobre los riesgos del consumo de bebidas azucaradas durante la infancia. Diversos estudios han asociado la ingesta frecuente de refrescos, jugos procesados y bebidas saborizadas con un mayor riesgo de desarrollar trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Según el reporte, el exceso de azúcar provoca secreciones elevadas de insulina, episodios de hipoglucemia reactiva y mayor liberación de epinefrina, factores que pueden influir en conductas relacionadas con hiperactividad y problemas de concentración.
Los especialistas subrayaron que el riesgo no se limita únicamente a los refrescos, sino también a productos como jugos artificiales, bebidas deportivas, aguas saborizadas y jugos industrializados, debido a que todos contienen altos niveles de azúcar añadida.
Por su parte, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia recomienda a las mujeres embarazadas privilegiar el consumo de agua simple y evitar bebidas azucaradas procesadas, al advertir que el exceso de azúcar puede alterar el metabolismo, favorecer el aumento acelerado de peso y elevar el riesgo de sobrepeso y obesidad tanto en la madre como en el bebé.
La Facultad de Medicina de la UNAM destacó que el consumo de bebidas azucaradas entre mujeres embarazadas no ha disminuido de manera constante, por lo que consideró necesario reforzar las campañas de información y prevención sobre los riesgos asociados.
Los especialistas concluyeron que reducir la ingesta de azúcar durante el embarazo podría representar una medida importante para proteger la salud física y mental de las futuras generaciones, en un contexto donde México mantiene altos niveles de consumo de refrescos y productos ultraprocesados.