La Organización Mundial de la Salud declaró una emergencia de salud pública de importancia internacional ante el brote de una rara y peligrosa variante del virus del ébola que afecta actualmente a la República Democrática del Congo y a Uganda.
El organismo sanitario informó que la enfermedad provocada por la cepa Bundibugyo del ébola representa el segundo nivel de alerta más alto contemplado en el Reglamento Sanitario Internacional, aunque aclaró que todavía no cumple con los criterios para ser considerada una pandemia.
La decisión fue anunciada desde Ginebra luego del aumento de contagios y muertes relacionadas con el virus en la provincia de Ituri, en el este de la República Democrática del Congo, una región marcada por la actividad minera, la movilidad transfronteriza y la violencia armada que dificulta las labores sanitarias.
De acuerdo con cifras oficiales de la OMS, hasta el 16 de mayo se habían confirmado ocho casos en laboratorio y 246 casos sospechosos, además de 80 muertes sospechosas en territorio congoleño. A ello se suma un caso detectado en Kinshasa y una muerte reportada en Uganda de un viajero procedente de Ituri.
Por su parte, la agencia sanitaria de la Unión Africana reportó 336 casos sospechosos y al menos 88 fallecimientos probablemente relacionados con el virus.
La situación genera especial preocupación debido a que la cepa Bundibugyo carece actualmente de vacuna y tratamiento específico. Las vacunas desarrolladas en años recientes únicamente son eficaces contra la variante Zaire, responsable de las epidemias más mortales registradas en África.
“El virus Bundibugyo no tiene vacuna y no tiene tratamiento específico”, advirtió el ministro de Salud congoleño, Samuel-Roger Kamba.
El ébola es una enfermedad altamente contagiosa que provoca fiebre hemorrágica severa y se transmite entre humanos mediante fluidos corporales o contacto con sangre de personas infectadas, vivas o fallecidas. Los pacientes solo se vuelven contagiosos una vez que presentan síntomas, mientras que el periodo de incubación puede extenderse hasta 21 días.
Las autoridades sanitarias enfrentan enormes dificultades para contener el brote debido a que muchas de las comunidades afectadas son de difícil acceso y se ubican en zonas bajo amenaza de grupos armados.
“Desde hace dos semanas vemos morir a la gente. No hay lugares para aislar a los enfermos. Mueren en sus casas y sus cuerpos son manipulados por familiares”, denunció Isaac Nyakulinda, representante de la sociedad civil en la ciudad de Rwampara, en Ituri.
La escasez de pruebas de laboratorio también complica la evaluación real de la emergencia, ya que gran parte de los registros corresponden a casos sospechosos y no confirmados.
La República Democrática del Congo ha sido históricamente uno de los países más golpeados por el ébola desde que la enfermedad fue identificada por primera vez en 1976, cuando el país aún llevaba el nombre de Zaire. Este nuevo episodio representa el decimoséptimo brote registrado en su territorio.
Entre 2018 y 2020, la nación africana enfrentó la epidemia más mortífera de su historia reciente, con cerca de 2 mil 300 fallecimientos y más de 3 mil 500 personas infectadas. Además, entre agosto y diciembre de 2025, otro brote dejó al menos 34 muertos.
En los últimos 50 años, el virus del ébola ha provocado más de 15 mil muertes en África, afectando también a países como Guinea y Sierra Leona.
La OMS y organismos internacionales mantienen vigilancia permanente sobre el avance del brote mientras intensifican labores de monitoreo, aislamiento y rastreo epidemiológico para evitar una expansión regional de la enfermedad.