24 de July de 2026

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Descubren el primer exosatélite fuera del Sistema Solar; el hallazgo marca un hito en la astronomía

Después de más de cuatro décadas de búsqueda y tras el descubrimiento de más de 6 mil exoplanetas, un equipo internacional de científicos logró identificar por primera vez un satélite natural fuera del Sistema Solar, un hallazgo sin precedentes que podría transformar el conocimiento sobre la formación y evolución de los sistemas planetarios.

La investigación, publicada este miércoles en la revista científica Nature, fue encabezada por especialistas vinculados a la Universidad Diego Portales, en Chile, y realizada con observaciones obtenidas mediante el instrumento CRIRES+ del Observatorio Europeo Austral (ESO).

La astrofísica Alice Zurdo, directora del proyecto Núcleo Milenio YEMS (Exoplanetas Jóvenes y sus Lunas), explicó que el objeto detectado es un cuerpo gaseoso con un tamaño comparable al de Júpiter, que completa una órbita alrededor de una enana marrón cada 170 días.

«Es el primer satélite natural que encontramos fuera del Sistema Solar», destacó la investigadora, quien ha dedicado más de una década al estudio y búsqueda de este tipo de objetos astronómicos.

Un descubrimiento sin precedentes

Hasta ahora, los astrónomos habían identificado más de 400 lunas dentro del Sistema Solar, pero nunca habían logrado confirmar la existencia de un satélite orbitando un objeto fuera de él.

El descubrimiento representa un avance científico de gran relevancia, ya que permitirá investigar cómo se forman estos cuerpos celestes y si existen muchos más en distintos rincones de la galaxia.

Sin embargo, los propios investigadores reconocen que el nuevo objeto plantea interrogantes sobre su clasificación.

Aunque se comporta como un satélite, posee una masa similar a la de Júpiter y no gira alrededor de un planeta, sino de una enana marrón denominada CD-35 2722, cuya masa equivale aproximadamente a la mitad de la del Sol.

«No hay nada comparable en el Sistema Solar», explicó Zurdo, al señalar que las categorías tradicionales como «planeta» o «luna» podrían resultar insuficientes para describir este tipo de sistemas.

En el mismo sentido, el investigador chileno Kevin Hoy, también integrante del proyecto YEMS, consideró que lo verdaderamente importante no es la nomenclatura, sino la posibilidad de descubrir una nueva clase de objetos celestes que amplíen el conocimiento del universo.

Tecnología de alta precisión

El descubrimiento fue posible gracias al uso del método de velocidad radial, la misma técnica con la que hace casi tres décadas se detectó el primer exoplaneta alrededor de una estrella similar al Sol.

Los científicos analizaron pequeñas variaciones o «bamboleos» en el movimiento de la enana marrón provocados por la gravedad del objeto que la orbita, obteniendo una evidencia considerada sólida sobre la existencia del exosatélite.

Zurdo destacó que el instrumento CRIRES+, instalado en un telescopio de ocho metros del ESO, ofrece una precisión sin precedentes para estudiar objetos extremadamente débiles y lejanos.

La puerta a una nueva generación de descubrimientos

Los especialistas consideran que este hallazgo representa apenas el inicio de una nueva etapa para la astronomía.

Con la próxima entrada en operación del Telescopio Extremadamente Grande (ELT) del ESO, equipado con un espejo de 39 metros de diámetro, será posible detectar exolunas aún más pequeñas y estudiar con mayor detalle sistemas planetarios distintos al nuestro.

Para Jorge Lillo-Box, investigador del Centro de Astrobiología de España, la verdadera trascendencia del estudio radica en la capacidad tecnológica alcanzada para medir con precisión objetos muy tenues y cercanos a otras estrellas.

Por su parte, el astrofísico Javier Peralta, de la Universidad de Sevilla, comparó la importancia del descubrimiento con los primeros hallazgos de exoplanetas en la década de 1990.

A juicio de los especialistas, identificar satélites fuera del Sistema Solar permitirá comprender mejor cómo nacen y evolucionan los sistemas planetarios y podría abrir el camino hacia una nueva generación de descubrimientos sobre la diversidad de cuerpos que existen en el universo.

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