Entre los nombres de los 26 futbolistas convocados por el director técnico Javier Aguirre para disputar la Copa Mundial de la FIFA 2026, una figura inesperada captó la atención de miles de aficionados: un perro mestizo color amarillo conocido popularmente como “Caramelo”.
La imagen formó parte de la campaña de presentación de la lista definitiva de jugadores de la Selección Mexicana, difundida a través de redes sociales el pasado 31 de mayo. En el material gráfico aparecían diversos símbolos representativos de la cultura popular mexicana, como una piñata, una máscara de luchador, un sombrero norteño, una bicicleta con tacos sudados y la tradicional bolsa del mandado. Sin embargo, fue la inclusión del canino la que generó una conversación más amplia sobre identidad, cultura y bienestar animal.
Lejos de tratarse de un elemento decorativo, la presencia de Caramelo respondió a una intención específica: reconocer el valor simbólico de los perros mestizos que habitan calles, barrios y comunidades de México y América Latina, donde con frecuencia son alimentados y cuidados colectivamente por vecinos, convirtiéndose en auténticas mascotas comunitarias.
El llamado “Caramelo” no corresponde a una raza oficialmente reconocida. El término se utiliza para describir a perros mestizos de pelaje amarillo, miel o café claro, producto de múltiples cruces genéticos a lo largo de generaciones. Su imagen se ha convertido en una de las más representativas del fenómeno del abandono animal en la región.
De acuerdo con investigaciones genéticas realizadas por DNA Pets, estos perros poseen una compleja mezcla de ascendencias provenientes de casi 300 razas originarias de Europa, Asia y América, cuyos antecedentes se remontan a animales introducidos durante distintos procesos migratorios y coloniales.
La figura del Caramelo ya había cobrado notoriedad semanas antes, cuando la Procuraduría de Protección al Ambiente del Estado de México publicó una ilustración en la que aparecía junto a razas reconocidas como el Chihuahua, el Xoloitzcuintle y el Calupoh. Aunque la publicación generó debate entre especialistas y aficionados a la cinofilia, también impulsó una conversación sobre la adopción de animales sin hogar.
La iniciativa mexicana encuentra un antecedente en Brasil, donde el “vira-lata caramelo” ha sido objeto de campañas públicas, proyectos legislativos e incluso producciones cinematográficas. En 2023 surgieron propuestas para reconocerlo como patrimonio nacional, mientras que algunos estados brasileños lo han declarado símbolo cultural.
El fenómeno alcanzó mayor notoriedad tras el estreno de la película brasileña Caramelo en 2025, lo que fortaleció el arraigo popular del animal como emblema nacional. La reciente reivindicación mexicana provocó reacciones en medios brasileños y entre ciudadanos que consideran al Caramelo una representación cultural propia.
No obstante, especialistas en protección animal consideran que el debate sobre la nacionalidad del perro mestizo resulta secundario frente al objetivo principal: promover la adopción y generar conciencia sobre el abandono de animales.
Claudia Edwards, directora en México de la organización de bienestar animal Humane World for Animals, sostuvo que el Caramelo no pertenece exclusivamente a un país, sino que representa una realidad compartida en América Latina.
Las cifras respaldan la preocupación. Estudios sobre mascotas sin hogar estiman que alrededor del 32 por ciento de los perros y gatos en México viven en situación de abandono, mientras que en Brasil la cifra ronda el 25 por ciento. Esto significa que uno de cada tres animales de compañía en México y uno de cada cuatro en Brasil carecen de un hogar permanente.
Sin embargo, especialistas también advierten sobre la necesidad de evitar que la atención se concentre únicamente en un tipo específico de perro mestizo. Un análisis publicado por la Revista Global UNAM señala que visibilizar exclusivamente al Caramelo podría dejar fuera de la conversación a millones de otros animales sin hogar que enfrentan las mismas condiciones de vulnerabilidad.
Más allá de su color de pelaje o de su origen, la aparición de Caramelo en la campaña mundialista ha logrado colocar nuevamente en la agenda pública un problema persistente en la región: el abandono animal y la necesidad de impulsar una cultura de adopción responsable.