12 de August de 2026

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Perros pueden distinguir ira, miedo y tristeza en el rostro humano, revela estudio

Los perros no sólo reconocen a sus cuidadores: también son capaces de distinguir diferentes emociones en el rostro humano. Un estudio liderado por la investigadora de origen mexicano Laura V. Cuaya, de la Universidad de Viena, encontró evidencia de que los canes pueden diferenciar expresiones de felicidad, ira, miedo y tristeza mediante patrones específicos de actividad cerebral.

La investigación, publicada el 7 de agosto en la revista iScience, representa un avance en el conocimiento sobre la manera en que los perros interpretan las señales emocionales de las personas. De acuerdo con los investigadores, se trata de la primera evidencia de que estos animales pueden distinguir entre distintas expresiones faciales humanas consideradas negativas, y no simplemente clasificarlas como «positivas» o «negativas».

«Me gustaría que la gente viera a los perros como seres emocionales», señaló Cuaya, quien comenzó esta línea de investigación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) antes de incorporarse a la Universidad de Viena y colaborar con investigadores de la Universidad Eötvös Loránd de Hungría.

Para realizar el estudio, el equipo utilizó métodos no invasivos para observar la actividad cerebral de los perros mientras contemplaban fotografías de personas desconocidas con diferentes expresiones faciales.

En una primera etapa participaron ocho perros, a los que se mostraron rostros humanos felices y neutros. Las imágenes de personas sonrientes provocaron actividad en la corteza temporal y el núcleo caudado del cerebro canino, regiones relacionadas, respectivamente, con procesos cognitivos superiores y con el procesamiento de recompensas.

Los resultados llevaron a los investigadores a analizar si esas mismas regiones respondían a otras emociones. Para ello, mostraron a 12 perros imágenes de personas expresando felicidad, ira, miedo y tristeza, mientras un sistema de inteligencia artificial basado en aprendizaje automático analizaba la actividad cerebral.

Los resultados mostraron que la red cerebral que conecta la corteza temporal con el núcleo caudado respondía particularmente ante los rostros felices. Las expresiones de ira, miedo y tristeza no generaron el mismo patrón.

Sin embargo, un análisis de la actividad de todo el cerebro permitió identificar patrones diferenciados para cada emoción negativa. Los perros fueron capaces de distinguir entre el miedo, la ira y la tristeza, lo que constituye la principal aportación del estudio.

Los científicos advierten que esta capacidad no significa que los perros experimenten las emociones exactamente de la misma manera que los seres humanos. Además, una expresión facial constituye solamente una parte de la información que los animales reciben durante una interacción.

En situaciones cotidianas, los perros también utilizan el lenguaje corporal, el tono de voz y el olor para interpretar el estado de las personas con las que conviven.

Una relación construida durante miles de años

Para Cuaya, la capacidad de los perros para comprender las señales humanas tiene una explicación vinculada con su historia evolutiva.

A diferencia de los humanos y otros primates, cuya capacidad para interpretar determinadas señales sociales puede relacionarse con un ancestro común, los perros siguieron una trayectoria evolutiva diferente. Sin embargo, el proceso de domesticación favoreció el desarrollo de habilidades sociales que les permitieron convivir, comunicarse y cooperar con las personas.

El estudio también plantea algunas limitaciones. Los perros participantes eran animales de compañía que vivían con familias y recibían cuidados, por lo que los investigadores advierten que los perros que viven en libertad, incluidos los callejeros, podrían procesar las señales humanas de una manera distinta debido a sus diferentes experiencias sociales.

Entre los participantes se encontraban cuatro perros mexicanos: Morante, Kun-kun, Odín y Molly.

Además, los investigadores utilizaron rostros de personas desconocidas de ambos sexos, en lugar de limitarse a imágenes de los cuidadores de los animales. Esto permitió evaluar si los perros podían reconocer expresiones emocionales de manera general y no únicamente asociarlas con las personas con las que mantienen un vínculo cercano.

«Han evolucionado junto a nosotros para entender nuestras expresiones y cooperar con nosotros; reconocer esto puede transformar la manera en que nos comunicamos con ellos y los cuidamos», sostuvo Cuaya.

El hallazgo aporta así una nueva perspectiva sobre la relación entre humanos y perros y refuerza la idea de que la comunicación entre ambas especies va mucho más allá de las palabras: también involucra rostros, emociones, sonidos, movimientos y otras señales que los animales han aprendido a interpretar durante su convivencia con las personas.

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