En un hecho sin precedentes recientes, la policía israelí impidió este domingo al Patriarca Latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, ingresar a la Iglesia del Santo Sepulcro para celebrar la misa del Domingo de Ramos, lo que generó una ola de críticas internacionales en plena Semana Santa.
De acuerdo con el Patriarcado Latino —diócesis que agrupa a fieles católicos en Israel, territorios palestinos, Jordania y Chipre—, tanto el cardenal como el custodio de Tierra Santa fueron bloqueados por las autoridades cuando se dirigían al templo, obligándolos a retirarse. El organismo calificó el incidente como un “grave precedente” y subrayó que, por primera vez en siglos, los líderes de la Iglesia no pudieron celebrar esta liturgia en el lugar sagrado.
Las autoridades israelíes justificaron la medida en el contexto de las restricciones impuestas tras el estallido del conflicto en Oriente Medio, que limita las concentraciones públicas a un máximo de 50 personas, incluyendo actos religiosos en sinagogas, iglesias y mezquitas. La policía indicó que la solicitud del Patriarcado fue revisada previamente y no pudo ser aprobada debido a estas disposiciones de seguridad.
Por su parte, el primer ministro Benjamin Netanyahu aseguró que no existió “ninguna mala intención” en la actuación de las fuerzas de seguridad y sostuvo que la decisión respondió exclusivamente a la protección del cardenal y su comitiva.
El hecho provocó reacciones inmediatas en Europa. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, calificó lo ocurrido como un “ataque injustificado a la libertad religiosa” y exigió el respeto a la diversidad de credos y al derecho internacional. En la misma línea, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, lo consideró una ofensa a los creyentes, mientras que el presidente francés, Emmanuel Macron, advirtió sobre una creciente vulneración del estatus de los lugares santos en Jerusalén.
Ante la imposibilidad de realizar la ceremonia en el Santo Sepulcro, el cardenal Pizzaballa celebró la misa en la Iglesia de Todas las Naciones, en el Monte de los Olivos, donde llamó a la esperanza pese al contexto de guerra. “La guerra no borrará la resurrección. El dolor no extinguirá la esperanza”, expresó ante un reducido grupo de fieles.
Asimismo, el Patriarcado Latino ya había anunciado la cancelación de la tradicional procesión del Domingo de Ramos, que normalmente recorre del Monte de los Olivos hacia Jerusalén y congrega a miles de peregrinos.
El incidente ocurre en uno de los momentos más significativos del calendario cristiano, que conmemora la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén, y añade tensión a un escenario regional ya marcado por el conflicto y las restricciones a la vida pública y religiosa.