22 de May de 2026

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Dormir poco o demasiado acelera el envejecimiento de órganos y aumenta riesgo de enfermedades, revela estudio

Dormir menos de seis horas o más de ocho podría acelerar el envejecimiento de diversos órganos del cuerpo y aumentar el riesgo de enfermedades físicas y mentales, según una investigación desarrollada por científicos de la Universidad de Columbia y publicada en la revista científica Nature.

El estudio aporta nueva evidencia sobre el papel fundamental del sueño en la salud humana y su relación con los llamados «relojes biológicos», herramientas basadas en inteligencia artificial capaces de medir la edad biológica de órganos específicos y determinar si envejecen más rápido o más lento que la edad cronológica de una persona.

Los investigadores encontraron que tanto la falta como el exceso de sueño están asociados con un envejecimiento acelerado del cerebro, el corazón, los pulmones y el sistema inmunológico, lo que refuerza la creciente evidencia científica que vincula el descanso adecuado con una mejor calidad de vida y una menor incidencia de enfermedades.

El trabajo fue encabezado por Junhao Wen, profesor adjunto de Radiología en el Colegio de Médicos y Cirujanos Vagelos de la Universidad de Columbia, quien destacó que el sueño desempeña un papel central en el funcionamiento coordinado entre el cerebro y el resto del organismo.

“Los resultados muestran que tanto dormir muy poco como dormir demasiado se relaciona con un envejecimiento más rápido en casi todos los órganos del cuerpo, lo que confirma que el sueño es esencial para mantener el equilibrio metabólico y un sistema inmunológico saludable”, señaló el especialista.

Para desarrollar la investigación, el equipo analizó información de cerca de medio millón de participantes del Biobanco del Reino Unido. Mediante modelos de aprendizaje automático, los científicos identificaron patrones biológicos asociados con el envejecimiento de distintos órganos utilizando imágenes médicas, proteínas específicas y moléculas presentes en la sangre.

A partir de estos datos construyeron 23 relojes biológicos capaces de evaluar el envejecimiento en 17 sistemas orgánicos diferentes. Posteriormente compararon los resultados con los hábitos de sueño reportados por los participantes.

Los hallazgos revelaron un patrón en forma de “U”: las personas con menor envejecimiento biológico eran aquellas que dormían entre 6.4 y 7.8 horas por noche, mientras que quienes descansaban menos de seis horas o más de ocho presentaban indicadores de envejecimiento acelerado.

Aunque los investigadores aclaran que el estudio no demuestra una relación directa de causa y efecto, sí sugiere que las alteraciones en la duración del sueño pueden ser señales de un deterioro general de la salud.

La investigación también encontró vínculos importantes entre los hábitos de sueño y diversas enfermedades. La falta de descanso se asoció con una mayor incidencia de depresión, trastornos de ansiedad, obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, cardiopatías y arritmias cardíacas.

Asimismo, tanto dormir poco como dormir en exceso mostró relación con enfermedades respiratorias como asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica, además de trastornos digestivos como gastritis y reflujo gastroesofágico.

Uno de los hallazgos más relevantes se relaciona con la salud mental de los adultos mayores. Los investigadores detectaron que dormir pocas horas podría influir directamente en la gravedad de la depresión durante la vejez, mientras que el exceso de sueño podría impactar a través de alteraciones en los ritmos circadianos del cerebro y del tejido adiposo.

Los especialistas consideran que estos descubrimientos podrían abrir la puerta al desarrollo de tratamientos más personalizados para trastornos relacionados con el sueño y la salud mental, al demostrar que las personas que duermen poco y aquellas que duermen demasiado podrían presentar mecanismos biológicos distintos, aunque compartan riesgos similares.

El avance de los relojes biológicos representa además una nueva herramienta para la medicina preventiva, al permitir identificar de manera más precisa el envejecimiento de órganos específicos y evaluar cómo factores modificables del estilo de vida, como el sueño, pueden influir en la salud a largo plazo.

Los resultados refuerzan una conclusión cada vez más respaldada por la ciencia: mantener hábitos de sueño adecuados no solo favorece el descanso, sino que puede ser determinante para preservar la salud cerebral, cardiovascular e inmunológica y ralentizar el proceso de envejecimiento del organismo.

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