El histórico servicio de carruajes tirados por caballos de Central Park, en Nueva York, podría llegar a su fin después de más de 150 años, luego de que el alcalde Zohran Mamdani y la presidenta del Concejo Municipal, Julie Menin, alcanzaran un acuerdo para impulsar una iniciativa que busca prohibir esta actividad turística.
De acuerdo con información difundida por CNN, Menin prevé someter el proyecto de ley a votación en el Concejo Municipal durante octubre. La propuesta pretende terminar con una tradición emblemática de la ciudad, cuestionada durante años por organizaciones defensoras de los derechos de los animales y que también enfrenta preocupaciones relacionadas con la seguridad pública.
La iniciativa cobró fuerza tras la muerte de Romanch Mahajan, un turista de 18 años que saltó de un carruaje que se desplazaba sin control dentro de Central Park. Según el sindicato del sector y Central Park Conservancy, organización encargada de la administración del parque, sería la primera víctima mortal de un accidente de este tipo desde que comenzaron los paseos hace más de siglo y medio.
Un accidente reaviva las críticas
La muerte del joven intensificó las exigencias para eliminar los recorridos en carruajes, una atracción que durante generaciones ha formado parte de la imagen turística de Nueva York.
Julie Menin sostuvo que el accidente evidenció los riesgos de mantener el servicio en un espacio público cada vez más concurrido y defendió la necesidad de adoptar medidas para proteger tanto a los visitantes como a los animales.
La iniciativa, que llevaría el nombre de Ley Romanch en memoria del turista fallecido, busca responder a las preocupaciones sobre la seguridad de los recorridos y las condiciones en las que trabajan los caballos.
Durante años, activistas por los derechos de los animales han denunciado que los ejemplares son sometidos a jornadas excesivas, se exponen a situaciones que pueden asustarlos y permanecen en establos que consideran inadecuados. También han señalado presuntas infracciones de las normas municipales por parte de algunos conductores.
Los propietarios de los caballos y carruajes, por su parte, rechazan estas acusaciones y aseguran que los animales reciben los cuidados necesarios y que sus instalaciones cumplen con la regulación vigente.
Conductores temen perder su fuente de ingresos
La posible prohibición representa un revés para la International Brotherhood of Teamsters, el sindicato que representa a los conductores de los carruajes y que durante años ha advertido sobre las consecuencias económicas que tendría la desaparición del servicio para sus afiliados.
Ante el aumento de las críticas, el sindicato ha reforzado la capacitación de los conductores y las medidas de seguridad, en un intento por responder a las preocupaciones sobre el funcionamiento de esta actividad.
Sin embargo, el acuerdo entre la Alcaldía y la dirigencia del Concejo Municipal apunta a terminar definitivamente con los paseos, al tiempo que busca evitar que los trabajadores asuman por sí solos las consecuencias de la decisión.
Sneha Choudhary, portavoz de la Alcaldía, señaló que el gobierno municipal ha trabajado con representantes del Concejo, sindicatos, conductores, defensores del bienestar animal y líderes comunitarios para establecer una transición justa que proteja a los empleados y permita poner fin al servicio.
Una tradición histórica ante un cambio decisivo
Los carruajes tirados por caballos han sido durante más de 150 años una de las atracciones tradicionales de Central Park, frecuentada por turistas que buscan recorrer el emblemático espacio verde de Manhattan de una manera clásica.
No obstante, el debate sobre el bienestar animal y los riesgos asociados con la circulación de los carruajes en un parque cada vez más concurrido ha incrementado la presión para sustituir esta actividad.
La iniciativa aún deberá superar el proceso legislativo municipal. Si obtiene los votos necesarios, Nueva York avanzaría hacia la desaparición de una tradición histórica y abriría una nueva etapa en la regulación de sus atracciones turísticas, con el desafío de conciliar la seguridad pública, la protección animal y el futuro laboral de los conductores.